aforismes interins

divendres, 9 d’abril de 2010

Auto-odio

"Malditas sean las paradas técnicas que te dejan tirado en tierras de Yirona, la más inmunda de las más inmundas tierras de este mundo, llena de gente pura e hipócrita y provinciana. Lo diré alto y claro: me cago en vuestra puta patria de tocinos. Vuestras mujeres son de cera o hierro colado o piedra marmórea. Vuestras mujeres no saben follar. Peor aún: no quieren follar. No quieren follar ni consigo mismas, creyendo que su cuerpo es un templo o un altar que no se puede mancillar, castrándose a si mismas y castándrome a mí, malditas monjas del carajo."

Eso es lo que dijo el hombre no conforme consigo mismo delante de la sede d’Esquerra Republicana de Catalunya de la capital de esa mierda de comarca llamada Yirona, ante unos imbéciles que iban vestidos con sus togas de obispo y espardeñas catalanas. Ante esta provocación, todos los obispos sacaron sus costumarios de Joan Amades y sus putos libros de filología catalana y empezaron a golpear a nuestro héroe en el mismísimo cráneo, y nuestro héroe reía y reía y sangraba y sangraba por todos y cada uno de los putos orificios de su cuerpo, sin ofrecer la más mínima resistencia patriótica ni nada, ¿y saben por qué? Porque no hay mujer que lo ame, a este pobre diablo. Y siente un gran odio por ello. Deben de ser todas imbéciles o algo. Pero eso no puede ser, ¿no?, porque significaría el fin del mundo. Dede de ser, entonces, que el imbécil es él, y merece cada paliza que le pueda caer.

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